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Coaching Personal
 
 
 
 
 
 
 
Historias de exito
Historia de Candela. Testimonio del cliente

La situación que me llevó a probar el coaching es algo muy común hoy día. Trabajo desde hace cuatro años en un sector que, visto desde fuera, es muy atractivo pero la realidad vista desde dentro es muy diferente. Los medios de comunicación.

Objetivamente soy una privilegiada. Mi trabajo me aporta tiempo para mí, dinero y podría decirse que la satisfacción de saber que es algo para lo que yo me preparé mucho tiempo y donde no todo el mundo llega a entrar. Sin embargo, lo que hago me aburre y me frustra.  Siento que me limita mucho y me siento desaprovechada, sé que puedo dar más pero el trabajo no da para más.

Esa reflexión rondaba por mi cabeza desde hace 3 años pero me bloqueaba y no sabía por dónde tirar, así que estaba un tiempo preocupada por ello, luego me relajaba y el tiempo continuaba igual. Cuando pensaba en mi yo dentro de esa empresa mi yo era grande, pero gris. Cuando pensaba en mí haciendo otras cosas era de un montón de colores, pero muy pequeñita porque creía que la falta de experiencia en otros ámbitos de la comunicación era una traba enorme para hacer el cambio. Me bloqueé tanto que un día contando todo esto a una amiga me puse a llorar.

Me di cuenta de que esa no es la actitud porque en realidad sólo me estaba lamentando, no hacía nada factible por cambiar. Así no se consiguen las cosas. Así que decidí recurrir a un profesional que me ayudase a poner en orden todos mis pensamientos, unos pensamientos que obstaculizaban el camino que quería seguir. Está muy bien tener una cabeza amueblada pero no hay que poner muebles que no sirven para nada y que rompen la armonía.

Debieron ser las ganas del cambio de actitud las que me llevaron a descubrir el coaching. Primero oí hablar de ello por mi jefe quien comentó sin más que una amiga suya era coach y, semanas más tarde, leí un  artículo en la prensa sobre este tipo de procesos. Me sentí muy identificada y me puse a mirar en Internet. Ahí conocí a Iciar.

Al principio envié el formulario para pedir la primera sesión y aún no sabía bien si me serviría esto a mí. Mis problemas no son más grandes que los de los demás, pero... ¿cómo sabría yo  si una persona que no me conoce de nada me va a influir en la forma de afrontar las cosas? Además, lo que a mí me pasa es que me falta experiencia en una determinada área profesional, ¿eso cómo lo va a solucionar ella? Bueno, pues porque las herramientas del coaching te permiten hacer un click a tu actitud. Ella me dijo en la primera sesión algo muy importante “la montaña está ahí pero, ¿verdad que no se afronta igual desde abajo que desde una avioneta? Pues es la misma montaña”.

Hoy ya no sigo con el proceso. Ahora mismo sigo en el mismo trabajo pero estoy buscando uno que me motive y lo estoy buscando desde la actitud positiva. No me bloqueo ni me derrumbo por pensar que no sirvo para hacer otra cosa sin más, busco un nuevo trabajo que me aporte el color que ya no tengo en el mío pero yo también aportaré brillo a ese nuevo trabajo.

Mi yo de antes del proceso hubiese sido incapaz de pensar que yo tenía nada nuevo que aportar en ningún lado.

¿Qué ha sido lo más útil del proceso?

Aprender un modo nuevo de pensar y analizar las cosas.

Candela

 

 


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